Por Laura Recio
Serguéi Rajmáninov nació el 1 de abril de 1873 en Semiónov, cerca de Novgorod (Rusia). Fue el cuarto en una familia de seis hermanos, siendo su padre (Vasily) un ex oficial de la armada rusa. Una serie de sucesos trágicos marcaron la infancia del compositor: la pérdida de dos hermanas, las dificultades económicas o la separación de los padres, entre otras.
El compositor creció en el seno de una familia con una gran trayectoria musical. Su bisabuelo fue un reconocido violinista y su bisabuela cantante. De esta manera sus enseñanzas musicales comenzaron muy pronto. Con tan solo 6 años su madre empezó a darle sus primeras clases de piano.
En 1882, tras sufrir una crisis financiera, la familia de Rajmáninov decidió mudarse a una pequeña vivienda en la ciudad de San Petersburgo. Una epidemia de difteria acabó con la vida de su segunda hermana mayor (Sofía). Este suceso afectó seriamente al matrimonio de sus padres, provocando que el padre abandonara el seno familiar poco tiempo después.
Los estudios musicales de Serguéi Rajmáninov
Mientras tanto, Serguéi continuó sus estudios con la profesora Anna Dmitrieva Ornatzkaia, quien recomendó a Rajmáninov para que consiguiera una beca en el Conservatorio de San Petersburgo, donde ingresó a los 9 años. Los desórdenes existentes en su familia desembocaron en una mala conducta por parte del compositor, quien vagaba por la ciudad o falsificaba sus notas.
Estos comportamientos provocaron que suspendiera por completo el curso de 1885, y que la junta directiva del Conservatorio lo expulsara. Gracias a la ayuda recibida por parte de su primo Alexander Siloti -un reconocido pianista de la época- fue admitido en el Conservatorio de Moscú a cargo de Nikolai Zverev.
Rajmáninov residió en la casa del propio maestro, junto a otros dos alumnos. Recibieron una formación integral, con duras jornadas de estudio. Zverev, preocupado por la educación de sus alumnos, organizaba diferentes actividades, y acudían frecuentemente al teatro, a conciertos, etc. Además, el maestro organizaba un día a la semana tertulias a las que asistían conocidos escritores y músicos, en las que Serguéi conoció a Antón Rubinstein, Antón Arenski, Tanéyev y Tchaikovsky.
El profesor y los tres alumnos visitaron Crimea en 1886 para estudiar armonía con Ladukim. Fue allí donde Rajmáninov compuso su primera obra, Transcripción a piano para cuatro manos de la Sinfonía Manfred de Tchaikovsy, con la que el compositor quedó realmente impresionado.
El interés de Rajmáninov por la composición
Serguéi comenzó a sentirse muy interesado por la composición, y demostró su talento desde muy joven, así que decidió involucrarse en ella. Sin embargo, el maestro Zverev consideraba que estaba malgastando su tiempo y estaba obsesionado con desarrollar al máximo sus virtudes pianísticas. Tras un mes de discusiones, finalmente Rajmáninov decidió marcharse a vivir con su tía, a los 16 años.
Durante este periodo compuso varias piezas y tuvo su primer contacto con la dirección orquestal. En 1891, compuso su Primer concierto para piano y orquesta, pieza que dedicó a su primo Alexander Siloti. Ese mismo año se graduó en el Conservatorio con las máximas distinciones, demostrando su virtuosismo al piano. Un año más tarde, estrenó su Trío para piano, violín y violonchelo y terminó su ópera Aleko, que se estrenó en el Bolshói, gozando de un gran éxito y contando con la asistencia de Tchaikovsky.
Ese mismo verano Serguéi abandonó el Conservatorio de Moscú con la Medalla de Oro y pudo independizarse económicamente de su familia gracias a los primeros trabajo que publicó y a las clases que impartía. Durante esta época compuso sus primeros preludios y elegías para piano. Su Preludio en Do sostenido menor le otorgó gran fama entre los ambientes pianísticos.
Presentó su poema sinfónico La roca a Tchaikovsky y a este le gustó tanto la obra que prometió dirigirla, sin embargo, no fue posible debido a su fallecimiento en 1893. Rajmáninov le dedicó un emotivo Trio élégiaque para piano, violín y violonchelo.
Su faceta como director
En 1895, Serguéi comenzó a trabajar en la composición de su Primera Sinfonía. Dos años después, en 1897, se estrenó bajo la batuta de Alexander Konstantinovich Glazunov. El estreno fue un fracaso, debido en gran parte al director de orquesta. Esto causó una severa depresión a Rajmáninov que, desmotivado por la crítica, estuvo alejado de la composición durante cerca de tres años.
En esos años que se mantuvo alejado de la creación musical, se centró en la dirección de orquesta. Fue nombrado director de la compañía de Ópera de Moscú. Su fama se extendió por toda Europa. La Royal Philarmonic Society de Londres le ofreció la oportunidad de interpretar y dirigir alguna de sus composiciones, lo que le obligó a revisar sus trabajos, sin embargo, no obtuvo resultado alguno, debido a su bloqueo mental.
Fue en 1900 cuando decidió ponerse en manos del psicoterapeuta Nikolái Dahl, especializado en el tratamiento de hipnosis. Tal éxito tuvo el tratamiento que Rajmáninov recuperó sus ideas creativas y compuso, quizás, el que fue su trabajo más paciente, el Concierto de piano número 2 en Do menor, dedicado al Dr. Dahl, que además tocó la viola en el estreno de la obra. Este concierto supuso el regreso de Rajmáninov a la composición.
En el año 1902, el compositor y su prima Natalia Aleksándrovna Sátina decidieron unirse en matrimonio, sin embargo, esto generó una serie de problemas, debido a que la Iglesia Ortodoxa prohibía el matrimonio entre familiares. Finalmente, gracias a la ayuda de una de sus tías y a la celebración de la boda en una capilla militar, la ceremonia pudo celebrarse con éxito.
Entre los años 1904 y 1906, Rajmáninov fue el director del Teatro Bolshói de Moscú y realizó diversas giras como pianista. De este periodo son obras como la Sinfonía número 2 (1907), el poema sinfónico La isla de los muertos (1909), sus Conciertos para piano y orquesta número 3 y número 4 (1909), la sinfonía coral Las campanas -inspirada en un poema de Edgar Allan Poe-, así como numerosas piezas para piano.
El exilio de Rajmáninov
En 1917 estalló la Revolución Rusa y Rajmáninov, al igual que otros músicos y artistas, decidió marcharse de su Rusia natal. En 1918, ya instalado en París, el compositor comenzó a recibir ofertas muy tentadoras de EEUU, lo que suponía una salida económica tanto para él como para su familia. En el exilio Serguéi se centró en su carrera como pianista y director de orquesta y realizó diversas giras y grabaciones.
Sus composiciones se vieron mermadas, aún así de este periodo son obras como Tres canciones rusas (1926), Variaciones sobre un tema de Corelli (1931), Rapsodia sobre una tema de Paganini (1934), Sinfonía número 3 (1936) y algunos arreglos para piano. En 1940 escribió su última composición, las Danzas Sinfónicas, reconocida como una de las principales obras de la música del siglo XX. Un año más tarde, revisó su Concierto número 4 para piano y orquesta.
Rajmáninov falleció el 28 de marzo de 1943, a los 69 años, en Beverly Hills, California. Este hecho fue muy lamentado en la Unión Soviética y tras doce años de prohibición por parte de las autoridades estalinistas, la música del maestro volvió a imponerse y resonar en el país que le había visto nacer. Las composiciones de Serguéi habían sido prohibidas por ser consideradas representativa de la burguesía y catalogadas como música peligrosa.
La Sinfonía núm. 2 de Serguéi Rajmáninov
Serguéi Rajmáninov compuso la Sinfonía núm. 2 en Mi menor entre 1906 y 1908. Se estrenó el 8 de febrero en San Petersburgo, bajo la batuta del propio compositor, y fue dedicada al compositor, profesor y teórico Serguéi Tanéyev, alumno de Chaikovski.
La duración de la obra es de aproximadamente 60 minutos, es por esto que ha sido objeto de varias revisiones. Entre los años 1940-1950 se redujo la composición a 35 minutos. La sinfonía sigue la tradición sinfónica rusa, que consiste en poner énfasis a un motivo que se va repitiendo a lo largo de toda la obra. En cuanto a la orquestación, la obra está pensada para ser interpretada por la orquesta al completo. La composición consta de cuatro movimientos: Largo-Allegro moderato, Allegro molto, Adagio y Allegro vivace.
Primer movimiento
El Largo-Allegro moderato en Mi menor produce en el oyente un profundo sentimiento de misterio. Los encargados de introducir el primer motivo melódico en la primera parte del movimiento (Largo) son los violonchelos y contrabajos, que lo presentan mediante una larga introducción del mismo. El Allegro moderato, compuesto en forma sonata, evoca a la introducción del Largo en su desarrollo. Al final del movimiento las cuerdas introducen un segundo motivo en Sol mayor. Finalmente acaba exponiendo de nuevo el primer tema del Largo en una subestimada coda.
Segundo movimiento
En el segundo movimiento, el Allegro molto en La menor, el scherzo precede al movimiento lento, es decir, se encuentra en el segundo movimiento y no en el tercero, como es habitual, debido a la estructura de la tradición sinfónica rusa, que fue establecida por los compositores Borodin y Balakirev. El primer motivo expuesto en el scherzo es introducido en su mayor parte por la sección de trompas.
Tercer movimiento
En el tercer movimiento, Adagio en La mayor, se alcanza el clímax emocional de toda la obra, siendo el más sobrecogedor para el oyente. Tras un interludio protagonizado por el violín y el corno inglés en el que se expone una melodía de lo más romántica, le sigue el clarinete evocando de nuevo el primer movimiento. Más tarde se puede escuchar el motivo principal de la obra. Hacia el final del Adagio el motivo aparece en su forma original, vinculándose con el primer movimiento. Además esta parte es considerada el final apropiado a la introducción inicial del Largo.
Cuarto movimiento
El Allegro vivace en Mi mayor, escrito en forma sonata, consigue transmitir toda la esencia de la obra. La melodía romántica expuesta por las cuerdas en el tercer movimiento reaparece en este último. En la tradición sinfónica rusa, los motivos expuestos anteriormente en los diferentes movimientos se exponen colectivamente en el Finale. Un buen ejemplo representativo de esta tradición es este último movimiento.
Esta composición representa muy bien a Rajmáninov como una personalidad profundamente romántica, con una inconfundible herencia de la sinfonía rusa y del legado sinfónico de Chaikovski, quien supuso una gran fuente de inspiración y admiración para Rajmáninov.