
Título: El orfanato
Director: Juan Antonio Bayona
Compositor: Fernando Velázquez
El orfanato fue la ópera prima de Juan Antonio Bayona, que le catapultó a la fama tras proclamarse ganadora de siete premios Goya. Para llevar a cabo la banda sonora, contó con Fernando Velázquez, uno de los compositores españoles de mayor renombre en el campo de las bandas sonoras.
Laura (Belén Rueda) regresa al orfanato en el que pasó su infancia junto a su marido Carlos (Fernando Cayo) y su hijo adoptivo Simón (Roger Príncep) con intención de convertirlo en una residencia para niños discapacitados. Mientras realizan las obras de preparación, Simón comenta algunas de sus experiencias con amigos imaginarios, lo que comienza a preocupar a sus padres cuando la situación se torna inquietante. Tras la desaparición de Simón, comienza una búsqueda incansable que se va a ver imbuida en la historia del orfanato mediante una serie de eventos paranormales.
1, 2, 3, toca la pared
Los juegos de niños son parte habitual en El orfanato. Velázquez fue capaz de crear una partitura con la que, mediante el protagonismo de las cuerdas y el juego con los vientos, englobara a la vez un ambiente recreativo infantil con un aura de misterio. Son las cuerdas tocadas en extremo, por medio de disonancias, las que marcan los momentos de mayor tensión y dramatismo, remarcando el suspense que la película destila en cada escena.
Por otro lado, el papel de los vientos es imprescindible. Las flautas se encargan de acentuar las escenas de unos padres afligidos por la desaparición de su hijo, por lo que aparecen para enmarcar los recuerdos felices, sacando a relucir los momentos de nostalgia. A su vez, la presencia del piano es el que evoca el sentimiento de fragilidad, vulnerabilidad y tristeza.
Sin embargo, para los momentos más oscuros de la trama, la cuerda se va a ver reforzada por la percusión, proveniente de los timbales. En este aspecto, destacan este tipo de contrastes musicales entre el forte y el pianissimo.
El contraste del leitmotiv y el poder del silencio
Tomás, personaje cargado de misterio, posee un leitmotiv con una melodía cargada de terror. Las cuerdas se encargan de ello mediante largos pasajes melódicos que quedan subrayados por el chelo, que aporta el bajo, y dos notas sostenidas de los vientos. A su vez, va girando progresivamente hacia tonos melancólicos.
El leitmotiv de Laura, por otro lado, refleja la constante búsqueda de Simón y la crudeza de una madre rota por el dolor. Comienza con una línea melódica dulce y tierna, plagada de sentimiento mediante el piano y suaves cuerdas. Poco a poco va viajando hacia tonos menores, y realiza una metamorfosis hacia una melodía triste y delicada, reflejando así el doloroso viaje emocional que sufre.
El silencio es crucial y sentenciador. No solo amplifica la tensión de la película, sino que genera una expectativa, creando así en el espectador una sensación de vacío y angustia mayor del que pudiera realizarse con el empleo de la música. Velázquez consigue de este modo que el silencio sea un recurso imprescindible, tan importante como el resto de la composición, reforzando el tono emocional y aportando un mayor protagonismo al diálogo.
Nos encontramos ante una partitura que ensalza cada escena gracias a la maestría de mantener el dominio del suspense durante todo el filme por medio de un ambiente musical atmosférico. Velázquez ha sido capaz de crear no solo una banda sonora, sino un paisaje sonoro en el que se fusionan el terror, la nostalgia y la emotividad. Estamos, pues, ante una obra maestra rica en sutileza y propensa al detalle, que consigue hacer del miedo una experiencia emocional e impactante.
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