
La predilección por el Concierto de Aranjuez original ha proyectado siempre una sombra inmensa sobre la transcripción para arpa, realizada por el maestro Rodrigo a sugerencia de Nicanor Zabaleta, pese a su riqueza en matices y luminosidad. De la grabación del arpista donostiarra con la Orquesta Nacional de España y su entonces director titular, Rafael Frühbeck de Burgos, se conmemora este año el medio siglo.
Por Alejandro Santini Dupeyrón
‘El arpa es algo sutil, flexible, apto para modelar sonidos, reflejar expresiones, sentimientos y hacerlos sin excesos, de forma recogida e intensa, con capacidad de transmisión a los oyentes y lejos de ser ese mueble del que se arranan oropeles y virtuosismos superficiales’, Nicanor Zabaleta
Zabaleta y Rodrigo
Decía Bergamín que por la mano de Zabaleta la música recuperaba su poética lozanía al dejarse apresar y expresar por la red ilusoria y libertadora de su arpa. Decía, inspirándose en Unamuno y en Santa Teresa, que en el arpa de Zabaleta la música no vagabundeaba por el vacío ni saltaba en las tinieblas, sino por encima de su sombra, a su sol. Su arpa era, decía, la mejor prueba de la música por la poesía; música montada al aire por el artista como se hace con una joya, o como al lomo quimérico, poderoso, del inmortal Pegaso.
Con otro alado ser mitológico soñaba Joaquín Rodrigo al transcribir su concierto más universal. Concretamente con uno dotado de alma de guitarra, cola de piano y alas de arpa. La propuesta fue hecha por su admirado Zabaleta para el instrumento al que llegara, según propio decir, a partir de una casualidad (y recibiendo clases, los primeros años, solo durante los veranos) y del que acabaría convirtiéndose en virtuoso y a su vez en maestro y reformador de la técnica ejecutoria gracias a su ‘clave expresivo’, nombre asignado por él al arpa con mecanismo de ocho pedales fabricada, según instrucciones personales, por la firma muniquesa Horngacher. Mediante el octavo pedal Zabaleta conseguiría apagar de manera efectiva la vibración anti musical resultante de la pulsación de las cuerdas metálicas graves (algo incapaz de controlar ni aun ideando procedimientos nuevos con las manos) sin afectar a las cuerdas del registro agudo. La resonancia de las cuerdas graves de tripa no le preocupaba, pues los armónicos de estas, mucho más débiles, no molestaban ni interferían armónicamente. El ‘clave expresivo’ cumplirá a la perfección el propósito de trasladar al oído del público un sonido nítido y preciso.
Zabaleta estaba acostumbrado a transcribir como remedio al exiguo repertorio habido para arpa. Todavía en una de sus últimas entrevistas, sostendrá que la adaptación a otros instrumentos era práctica habitual y deseada por los compositores del pasado, deseosos siempre de difundir las obras nuevas de manera amplia. Cita a Mozart, quien informaba en carta a un amigo de que las partes de clarinetes de su último concierto podían intercambiarse por primeros y segundos violines. También que, al ser requerido por un flautista para componer otro concierto para el instrumento, Mozart le facilitó enseguida una copia del Concierto para oboe en Do mayor. Zabaleta, que conociera a Ravel en San Sebastián tras interpretar la Introducción y allegro para arpa, flauta, clarinete y cuarteto de cuerdas, había considerado cambiar la flauta por un violín, y en París había tocado la obra con un conjunto de cámara.
Rodrigo no había frecuentado demasiado la transcripción. En su catálogo figuran tan solo dos obras: Per la flor del liri blau, poema sinfónico de 1934, adaptado para instrumentos de viento, y Aria antigua, de 1959, para flauta solista y orquesta de cámara, transcrita para flauta y piano. Pero considera sugestivo el deseo de Zabaleta. Conocía a fondo la técnica del arpa por haber compuesto por encargo suyo el Concierto serenata, estrenado en 1956 con la Orquesta Nacional de España y Paul Kletzki como director, y también por Sones en la Giralda. Fantasía sevillana para arpa y pequeña orquesta, dedicada a Marisa Robles, quien la estrenara en Londres con la BBC Symphony Orchestra en 1963. La transcripción del Concierto de Aranjuez, obra de evocación feliz pero también muy dolorosa (el Adagio es un desgarrador lamento por la primogénita mortinata) brinda a Rodrigo la ocasión de conferirle ingravidez a los tonos ásperos, telúricos de la guitarra, elevar la música y hacerla volar llevando al aire una nueva y cristalina luminosidad.
Grabación para EMI y estreno de la versión para arpa
Entonces acostumbraba a suceder de manera inversa. Se estrenaba primero la obra musical y, tras el éxito de crítica y público, las discográficas mostraban interés. Como en este caso la obra era sobradamente conocida y aplaudida, el éxito comercial estaba más que asegurado. Tal sucede en el caso de la transcripción para arpa del Concierto de Aranjuez y la discográfica londinense EMI, que dispone para el proyecto del director Rafael Frühbeck de Burgos y la orquesta de la que es titular, la Nacional de España.
Frühbeck ha grabado ya para EMI el Concierto con el guitarrista venezolano Alirio Díaz. El disco se edita en 1968 por el sello asociado His Master’s Voice (LP Estéreo, 10C 037 000731). La magistral grabación con Nicanor Zabaleta se realiza en el Teatro Real de Madrid en diciembre de 1973. De nuevo His Master’s Voice (LP Estéreo, ASD 3034) asume la edición. A continuación de la obra de Rodrigo, para la cara B, se graba el Concierto en Sol menor opus 81, pieza inspirada y deslumbrante del arpista, pianista y compositor inglés Elias Parish Alvars (1808-1849), considerado por Berlioz como ‘el Liszt del arpa’.
El mismo año, 1974, la grabación es editada en Estados Unidos por el también sello asociado Angel Records (LP Estéreo, S-37042), y en 1975 (LP Estéreo, 3SACX-47589). En 1977 y 1980 por el sello checo Supraphon (LPs Estéreo, 1 10 2098 y 1110 2098).
El estreno del Concierto de Aranjuez transcrito para arpa tuvo lugar en el marco de la XXXV Quincena Musical de San Sebastián, en el Teatro Victoria Eugenia, el 24 de agosto 1974, ocho meses después de grabarse la obra en Madrid. Como ocurriera con el primer estreno de la obra en la Barcelona de la posguerra, el renovado estreno en Donostia vuelve a ser un éxito. La sala, desbordante de público, desborda a su vez ‘de entusiasmo al finalizar la ejecución, exigiendo con su aplauso numerosas salidas de los intérpretes, y debiendo el maestro Rodrigo incorporarse en el palco que ocupaba hasta cuatro veces’. En la rueda de prensa previa al concierto se presenta el disco de EMI, ‘primera grabación profesional que se realiza en el magnífico ámbito acústico de la centenaria sala’ del Teatro Real (Ritmo, septiembre 1974).
Otra grabación de interés
Aparte de la espléndida interpretación de Marisa Robles con el suizo Charles Dutoit y la Philharmonia Orchestra de Londres para Decca en 1985, no existe otro registro clásico con artista español en la discografía del Concierto de Aranjuez transcrito para arpa. Es editado por Decca (LP Estéreo, 411 738-1) para Reino Unido, y por el sello London Records (LP Estéreo, 411 738-1) para Estados Unidos.
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