Antes de que Georges Bizet conquistara el mundo con Carmen, el compositor francés exploró el exotismo musical en Los pescadores de perlas. Estrenada en 1863, esta ópera transporta al público a un Oriente imaginado, con melodías evocadoras y un drama apasionado. Aunque pasó años en la sombra, su belleza melódica y su lirismo la han convertido en una joya redescubierta del repertorio operístico.
Por Fabiana Sans Arcílagos
El exotismo de Bizet
Al hablar de Georges Bizet indiscutiblemente recordamos una de las óperas más relevantes de la historia: Carmen, que a pesar de ser estrenada sin mucho éxito tres meses antes de la muerte del compositor, contiene un colorido musical que evoca los sonidos de España, enmarcándose en una serie de composiciones que contenían un lenguaje exótico y costumbrista.
Tras la Exposición Universal de París de 1855 se empezó a vivir en la ciudad de las luces un proceso de orientalización en las artes. El exotismo, la idea de un mundo diferente al europeo, el orientalismo, llamó la atención tanto de escritores, pintores, coreógrafos como de músicos. Con esta idea se empiezan a ambientar las nuevas composiciones, y es en base a ese modelo que Bizet crea Los pescadores de Perlas.
Esta ópera, encargada por el empresario y director de escena León Carvalho (por aquel entonces director del teatro), fue la escogida para presentarse en el Théâtre Lyrique de París y cumplir con la subvención que tenía el teatro parisino, por la que se debía representar anualmente ‘una ópera de tres actos cuya música hubiera sido creada por antiguos alumnos de Villa Médicis’.
Así, se estrena el 30 de septiembre de 1863 en el Théâtre Lyrique, convirtiéndose en la primera ópera importante de Bizet posterior a la obtención del Premio de Roma. Contó con dieciocho representaciones, y a pesar de tener el aval de otros músicos como Hector Berlioz, la ópera no se volvió a reponer hasta fallecido el autor, alcanzando una fama inconmensurable hasta la Segunda Guerra Mundial.
En Los pescadores de perlas se ponen de manifiesto recursos del drama lírico, cuya historia se basa en el triángulo amoroso de la sacerdotisa y los dos pescadores, además de la hermandad que estos han jurado mantener. Bizet tomó el libreto en francés de Eugène Cormon y Michel Carré para la creación del drama. Este, a pesar de tornarse en ciertas ocasiones tedioso y con poca fuerza, encuentra su refugio en la increíble atmósfera musical en la que lo envuelve Bizet, evocando el entorno oriental en cada momento. En esta ópera se dejan ver los primeros pasos de lo que será Bizet hasta su muerte, uno de los mejores compositores de la historia.
Según Nietzsche, la música de Bizet ‘es rica. Es precisa. Construye, organiza, concluye: en su interior establece un contraste con esa excrecencia musical, la ‘melodía infinita’’. Y, aunque el filósofo comentaba estas palabras comparando la música de Bizet con Wagner y habiéndose estrenado Carmen, no nos cabe duda que Los pescadores de perlas forma parte de esta descripción con una exquisita instrumentación, armonías cromáticas, un impresionante melodismo y el uso de ciertos instrumentos que evocan ese exotismo tan valorado en la época.
Por la premura del encargo, Bizet tomó de otras de sus composiciones (culminadas o no) algunos números y los introdujo en Los pescadores de perlas. Uno de ellos es el coro ‘Brahma, divin Brahma’, tomado de un Te Deum que el músico había abandonado. También introdujo partes de sus obras Don Procopio y de la cantata Clovis et Clotilde.
Además de esto, contiene momentos célebres que son interpretados por cantantes de gran renombre como Juan Diego Flórez, Alfredo Kraus o Javier Camarena. Uno de ellos, y posiblemente la favorita, es la romanza de Nadir ‘Je crois entendre encore’ (‘Creo que aún te escucho’). Otro es el dúo de Nadir y Zurga ‘Au fond du temple saint’ (‘El templo sagrado’), presentado por flautas y arpas, siendo este el momento más poético de la ópera.
Primera representación en España
La primera noticia que se tiene del estreno de la ópera en España se extrae de La Ilustración Musical del 9 de abril de 1889, en la que se anuncia de forma anecdótica que ‘para beneficio del maestro Mancinelli se prepara en el Teatro Real el estreno de la ópera de Bizet Los pescadores de perlas‘. Así, tan solo unos días después, se estrena oficialmente en el Teatro Real la ópera de Bizet, ‘cumpliendo de esa manera la empresa con todas las promesas hechas en el cartel de abono’ (La Ilustración Musical, 23-4-1889).
Esta función, dirigida por Luigi Mancinelli, contó con las voces de Tina Bendazzi, Delfino Menotti, Julián Gayarre y Antonio Ponsini, de los que se puede leer que fueron un grupo desigual respecto a las voces y a los méritos para la construcción de la ópera, que fue decayendo a través de los actos, siendo el más notable el primero de ellos. Tras cuatro funciones, sobresale ante sus compañeros el tenor Gayarre, del que la crítica comentó que ‘estuvo en esta ópera de una manera tal que dudamos haya cantado ni cante mejor: el dúo con el barítono y romanza del acto primero fueron dos triunfos colosales; asimismo en el dúo con la tiple, del segundo, fue sumamente aplaudido. Por nuestra parte decimos que en Madrid no se podrán cantar Los pescadores de perlas sin Gayarre’ (La Ilustración Musical, 23-4-1889).
Así, tan solo unos meses después se repone Los pescadores de perlas, repitiendo Ponsini y Gayarre, acompañados esta vez con Klanziska Stronphel y Eugéne Dufriche. En esta ocasión se presentaron cinco funciones, de las que quedan para el recuerdo la notable orquesta y coros, pero, sobre todo, por haber sido la última ópera representada por Julián Gayarre, quien fallecía el 2 de enero de 1890.
Antonio Peña y Goñi, nos recuerda esa última función del cantante, del que dice: ‘ha muerto al escuchar el primer aviso del arte, al contemplar asombrado la primera rebeldía de su garganta’. Aquí les dejamos la crónica de dicha función: ‘El día 8 de diciembre próximo pasado cantaba Gayarre en el Teatro Real Los pescadores de perlas. Llegó la romanza que él había hecho célebre, y rozósele una nota. ¡No puedo cantar! —exclamó— y salió de la escena, presa de un accidente nervioso. Se rehizo, merced á los cuidados facultativos, y quiso que el público escuchase aquel delicioso trozo de Bizet, que un accidente fortuito había interrumpido de repente. En el acto tercero Gayarre volvió á entonar la romanza; pero al llegar la nota fatal, quebróse de nuevo. Inclinó entonces la cabeza el artista, y con acento indefinible, con una expresión desesperada de pena y de quebranto, dijo: ¡Esto se acabó! Y se acabó, en efecto; pero se acabó todo y para siempre’ (La Ilustración Musical, 30-1-1890).
Otro de los cantantes españoles que tuvo a Nadir dentro de su repertorio fue el canario Alfredo Kraus. Y aunque Los pescadores de perlas no sea de las óperas más representadas en la actualidad, se mantiene viva entre los tenores del mundo, gracias a la hermosa romanza del Acto I ‘Je crois entendre encore’.
Cantantes como Juan Diego Flórez, Plácido Domingo o Luciano Pavarotti han entonado las notas que Bizet le otorgó a este personaje. El primer Nadir fue Francois Morini, de voz delgada y suave que, para ese entonces, era uno de los mejores artistas de París. Un segundo Nadir histórico fue Enrico Caruso, encargado de estrenar en 1916 en el Metropolitan Opera de Nueva York la ópera de Bizet, junto a un elenco de primera altura, como eran Giuseppe de Luca y Frieda Hempel. Curiosamente después de estas tres funciones, Los pescadores de perlas no volvió a tener cabida en el MET hasta cien años después, con Matthew Polenzani, Diana Damrau y Marius Kwiecien.
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