
Dentro del legado discográfico del director cántabro, la zarzuela, con cincuenta y dos registros completos, ocupa un lugar preferente. Argenta supo rodearse de voces jóvenes que comenzaban entonces a cantar y dispuso de un instrumento, la Orquesta de Cámara de Madrid, concebida para realizar sus proyectos líricos.
Por Alejandro Santini Dupeyrón
Calidad y mucho buen humor
‘Ayer arranqué el aplauso cuatro compases antes de concluir el final. Hoy lo consigo con seis’.
Así de desafiante se mostraba Argenta al término de una representación de zarzuela, sabedor de que una parte no pequeña del conservador público madrileño (el mismo que todavía le torcía el gesto cuando programaba una sinfonía de Brahms) no contemplaba con aprobación su interés creciente por el teatro lírico. Lo cierto es que Argenta se divertía mucho dirigiendo zarzuelas; le gustaba gastar bromas durante los ensayos y las representaciones, y no era infrecuente verlo en el foso riéndose. En agosto de 1951, en el Teatro Arriaga de Bilbao, el hijo menor de Argenta, Fernando, participaba en una representación de Agua, azucarillos y aguardiente de Federico Chueca. Cuando la niñera preguntase ‘¿Y tú que quieres?’, el niño, de 6 años cumplidos, debía responder una única frase, tres palabras tan solo: ‘Yo quie’o mear’. La última recomendación del padre antes de separarse fue que no se preocupase por nada y simplemente se dejara llevar. Llegado el momento, el niño fue sacado a escena de un empujón. De pronto se vio rodeado de varias niñeras acompañadas por reclutas. ¿Cuál de esas niñeras era la suya? ¿Cuándo se le daría el pie para su frase? La música seguía y seguía sonando (le pareció que pasaron siglos) y las niñeras y los reclutas no paraban quietos a su alrededor. Estaba aturdido, deslumbrado por las luces. Saliendo del barullo, de repente, le llegó una voz: ‘¿Y tú que quieres?’. ¡Era el momento! ¡Su frase! ¡Por fin! Inspiró hondo: ‘¡Yo quie’o…!’. La niñera le tapó la boca con la mano. La censura había prohibido, de manera explícita, decir ‘mear’ en escena. Pero el niño no se iba a quedar sin decir su frase; se zafó de la niñera y gritó con todas sus fuerzas: ‘¡Que yo quie’o mear, que yo quie’o mear…!’. La sala estalló en carcajadas. La orquesta casi se para. Aterrado, el niño buscó con la mirada a su padre. En el foso, retorciéndose de risa, Argenta apenas podía seguir dirigiendo.
La mezzosoprano Ana María Iriarte recuerda la broma gastada durante una presentación de La Revoltosa. Cuando dijeron ‘Sereno…’, enseguida respondió Argenta desde el atril: ‘¡Ya va!’. Para Iriarte, que acababa de empezar su carrera musical, era toda una experiencia participar en aquellas sesiones junto a jóvenes promesas como Pilar Lorengar o Teresa Berganza; una experiencia, además, bien remunerada: dejó de cuidar niños en Viena, ciudad donde vivía y continuaba los estudios, para centrarse solo en estos últimos. Cuando empezó a grabar los discos de zarzuela, ‘venía a España, hacía mis grabaciones y volvía a Viena con “dinerito cash”’. La primera zarzuela que se grabó bajo dirección de Argenta fue La reina mora de José Serrano, en 1953 (LP Mono Alhambra MCC 30005 y London Records TW 91001).
Teresa Berganza también recuerda lo divertidas que eran las grabaciones de zarzuelas con Argenta, cuyo sentido del humor garantizaba el compromiso y la entrega generales a cada proyecto. Berganza atesora una anécdota muy parecida a la de Iriarte. Durante la sesión de grabación de La verbena de la Paloma (segunda versión de Argenta) de Tomás Bretón, en el Monumental Cinema en abril de 1957 (LP Estéreo Columbia SCLL 14002 y Alhambra SCE 966), dando la réplica a ‘¡Portero! ¡Portero!’, Argenta voceó un largo ‘¡Vaaaa!’ desde el foso. Berganza, que lo conoció en 1948 cuando contaba 15 años, lo recordaría siempre ‘como un gran músico y un gran artista [que] exigía, sí, pero con una especial amabilidad’.
En torno a la última grabación
Tenemos constancia del entusiasmo de Argenta con su última grabación discográfica. El domingo 19 de enero de 1958 el director y su esposa, Juana Pallares, recibieron la visita del marqués de Bolarque, Luis de Urquijo y Landecho, en su domicilio de la calle Alfonso XII 22. Bolarque, amigo y mecenas de Argenta, promotor financiero de la Orquesta de Cámara de Madrid, quería despedirse de Juana. Al día siguiente, acompañada de su hija Ana María, Juana cogería un vuelo con destino a Ginebra para una revisión médica y, si fuera preciso, someterse allí a una delicada operación de columna. Pasaría tiempo, en torno a dos meses de rehabilitación, hasta que volvieran a reunirse. Ese domingo por la mañana, en el Monumental, al frente de la Orquesta Nacional, el Orfeón Donostiarra y los solitas Maria Stader (soprano), Norma Procter (mezzosoprano), Peter Offermans (tenor) y Otto von Rohr (barítono), Argenta había repetido el programa que interpretaran el viernes 17 por la tarde en el Palacio de la Música, El Mesías de Haendel, obra que entusiasmó al publico (‘las ovaciones fueron incontables’, ABC) tanto como dividió a la crítica. Dolores Plá (El Alcázar) encontró la interpretación correcta, precisa, pero también triste y plomiza, un Mesías, en suma, demasiado ‘alemán’. Enrique Franco (Arriba) deploró ‘la supresión de casi una tercera parte de la obra’ y que ‘la concepción romántica del oratorio deformara la verdadera raíz expresiva de músicas […] de tierna religiosidad. El Mesías hay que hacerlo en lo estilístico […] con una precisión de cámara [y] la gracia de la emoción de la música barroca’. Dichas críticas, publicadas en la mañana del martes 21 de enero, no llegaría a conocerlas Argenta, fallecido esa madrugada por inhalación de monóxido de carbono en el garaje de su chalet en la sierra madrileña. Sí debió tener noticia, puede incluso que llegara a leer, la elogiosa crítica de Antonio Iglesias para ABC, aparecida el sábado 18.
Después del concierto en el Monumental, de regreso en casa, con su mujer y Bolarque acomodados en el tresillo del salón empequeñecido por el gran piano de cola regalo del marqués, Argenta se dirigió al tocadiscos para poner su último trabajo: La Revoltosa de Ruperto Chapí (LP Estéreo London Records A 4122). Estaba especialmente satisfecho con el resultado: ‘Quiero que la oigas, Juanita. ¡Es la segunda grabación y es magnífica!’. Repetían las voces protagonistas reunidas con motivo del primer registro, realizado en 1953 (LP Mono Alhambra MCC30001): Ana María Iriarte como Mari Pepa, Manuel Ausensi (barítono) como Felipe e Inés Rivadeneira (mezzosoprano) como Soledad; repetía también el Coro Cantores de Madrid y la orquesta, ampliada.
No tenemos constancia de las impresiones de Juana ni del marqués de Bolarque sobre la grabación, pero podemos imaginarlas. Esta La Revoltosa, último trabajo discográfico de Ataúlfo Argenta, recibiría el Gran Premio Nacional del Disco de 1958, y continúa hoy siendo de absoluta referencia.
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